Conociendo a Dios: Iluminación

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Cuando el creyente es enfrentado a un Dios cuya sabiduría es infinita, cuyo conocimiento es “demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender” (Sal. 139:6), entonces ciertamente necesita la asistencia del mismo Dios para comprender las verdades que le han sido reveladas. Es aquí donde se hace necesario hablar de la iluminación del Espíritu Santo.

¿Qué es la iluminación?

Como bien lo explican los escritores del ministerio de respuestas online Got Questions en su sitio web, “la iluminación en el sentido espiritual es “prender la luz” del entendimiento en algún área. Cuando la revelación divina trata con un nuevo conocimiento o cosas futuras, la llamamos “profecía.” Cuando la revelación trata con el entendimiento y la aplicación del conocimiento ya recibido, lo llamamos “iluminación.”[1]

Si una persona ha de conocer verdaderamente a Dios, necesita ser iluminada por el Espíritu Santo. Así lo explica el Dr. R.C. Sproul:

No todas las partes de la Escritura son igualmente claras para nuestro entendimiento. Algunos pasajes son difíciles de entender. En algunos pasajes debemos hacer un gran esfuerzo para discernir el significado del texto. La consecuencia del pecado sobre nosotros ha sido la de envolver nuestras mentes en la oscuridad. Debido a nuestra naturaleza caída, somos criaturas en la oscuridad, desesperadas por la luz.

Aunque las Escrituras en sí mismas son nuestra luz, todavía tenemos necesidad de iluminación adicional para que podamos percibir la luz con claridad. El mismo Espíritu Santo que inspira la Escritura, trabaja para iluminar las Escrituras para nuestro beneficio. Él hará que la luz original ilumine todavía más. La iluminación es el trabajo del Espíritu Santo. Él nos ayuda a escuchar, a recibir y a entender adecuadamente el mensaje de la Palabra de Dios.[2]

Seres finitos — Dios infinito

Es importante recordar que la mente del Señor es infinita y que por tanto los seres humanos son seres finitos tratando con verdades sobre un Dios infinito. Y esto hace que un ser humano, viviendo en un mundo caído y con una lucha constante entre la vieja naturaleza y la nueva que le ha sido implantada en la regeneración, necesite de la asistencia del Espíritu Santo para comprender tales verdades.

El apóstol Pablo lo escribió de la siguiente manera:

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. (2 Cor. 2:9–11)

Nuestro Maestro

De hecho, si el Espíritu Santo no hubiera venido para iluminar a los creyentes y guiarlos a toda verdad, ninguno estaría listo para entender las verdades que Dios ha revelado en las Escrituras. Por eso es que Jesús dijo que los discípulos no podían sobrellevar o entender las verdades que él quería revelar hasta que el Espíritu viniera:

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Jn. 16:12–14).

[1] https://www.gotquestions.org/Espanol/iluminacion-Biblia.html

[2]Sproul, R. (1996). Las grandes doctrinas de la Biblia (127). Miami, FL: Editorial Unilit.

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