Conociendo a Dios: Educación Teológica Formal

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Los primeros cuatro principios vistos en esta serie de artículos se aplican necesariamente a todos los creyentes. Son indispensables para que cualquier persona pueda acceder a un cabal conocimiento de Dios. Sin embargo, este último principio probablemente no aplicará a todos los creyentes, pues no todos están llamados a involucrarse en un proceso formal de preparación teológica.

Aunque el conocimiento que los creyentes necesitan aprender de Dios debe ser lo más formal y ordenado posible, solo algunos están llamados a someterse a un proceso de preparación académico-teológica formal. Por supuesto, esto no quiere decir que habrá una brecha divisiva entre creyentes que sí estudian teología formalmente y los que no. No es ese el propósito de Dios al llamar a hombres y mujeres a prepararse teológicamente de manera formal.

Más bien, lo que Dios pretende con llamar a personas a una preparación teológica ordenada y formal es que toda su iglesia le conozca verdaderamente por medio de la labor de enseñanza que estas personas llevarán a cabo. Para esto es precisamente que Dios llama a los pastores y maestros; no para enseñorearse, sino para perfeccionar a los santos.

Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 1:11–13)

En cuanto a las funciones dentro de la iglesia, y respecto al conocimiento de Dios, sí se puede ver dos categorías de personas de manera general en este pasaje: los llamados a la enseñanza y labor pastoral y los santos que serán perfeccionados por medio de esa enseñanza y labor pastoral.

Por supuesto, este puede y debe entenderse como un principio bíblico para el conocimiento verdadero de Dios, puesto que los creyentes necesitan de maestros formalmente preparados y calificados que expongan fielmente las Escrituras en las reuniones de la iglesia, de manera que estos creyentes sean expuestos al conocimiento de Dios.

Por ejemplo, en el libro de Nehemías se encuentra una escena gloriosa en la cual el pueblo de Dios se humilla al conocer al Dios revelado en las Escrituras disponibles en ese momento. Esta escena se da en un momento clave, un momento en el que Dios estaba trayendo una reforma verdadera basada en el conocimiento de él por medio del sacerdote Esdras.

Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. (…) Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. (Neh. 8:3–4, 5–6)

Esas reacciones en adoración que el pueblo tuvo fueron causadas porque estaban siendo expuestos al conocimiento del Dios revelado en la Ley. Pero antes de que ese momento llegara, el sacerdote Esdras tuvo que prepararse formalmente para poder proclamar la Ley con fidelidad delante del pueblo de Dios.

Por eso en Esdras 7:10 dice que “Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.” Y esto da mucha luz sobre la importancia de que los predicadores en la iglesia se preparen para poder conocer al Dios de las Escrituras con el fin de exponer al pueblo al verdadero conocimiento de Dios.

Como bien lo escribe el Dr. John Piper, “Dios es el Rey del universo; tiene derechos absolutos de Creación sobre este mundo y sobre cada uno de los que en él viven. Por eso es que Dios manda predicadores por todo el mundo gritando que Dios reina, que no va permitir que Su gloria sea menospreciada indefinidamente.[1]

Es necesario que algunos se preparen para mostrar la gloria de Dios a todos. En una época en que Dios no es apreciado como santo o glorioso, Dios envía el factor vital de los predicadores formalmente preparados para hacerse conocer así.

[1] Piper, J. (2004). La Supremacía de Dios en la predicación (24). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia.

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