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Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (Gálatas 1:1–5)

Este artículo contiene algunos apuntes sencillos que hice para predicar en mi iglesia local sobre este pasaje.

Las religiones humanas y el evangelio de la gracia

Las religiones humanas nos dicen lo que debemos hacer para acercarnos a Dios. El evangelio de la gracia nos dice lo que Cristo ya hizo para acercarnos a Dios. Las religiones humanas nos dan consejos sobre cómo ser salvos. El evangelio de la gracia nos da buenas noticias sobre cómo Dios nos salva por el sacrificio de su Hijo.

¿En qué ponemos nuestra confianza para acercarnos a Dios?

Si es en nuestras buenas obras, hemos olvidado el evangelio, igual que los Gálatas. Por esa razón, Pablo les escribe muy enojado, porque ellos han abandonado el evangelio de la gracia y quieren poner su confianza en las obras de la ley a fin de acercarse a Dios y crecer espiritualmente, lo cual es imposible (1:6; 3:1, 3; 5:1).

Esto mismo sucede hoy en día. Muchos creen que el evangelio es solo el punto de entrada a la vida cristiana, y que luego crecemos a través de cumplir con muchas demandas de la ley de Dios. Sin embargo, Pablo es claro que al hacer eso, estamos abandonando al Señor, quien nos ha llamado por la gracia de Cristo (1:6).

Por fe y para fe

En Romanos 1:17 Pablo dice que la justicia de Dios se obtiene por fe de principio a fin. De esta manera, podemos afirmar que todo lo que necesitamos para vivir en la vida cristiana es el evangelio de la gracia de Dios. Necesitamos tener en cuenta que el evangelio garantiza tanto nuestra justificación como nuestra santificación diaria (3:1–3).

De regreso a la gracia

Los gálatas han estado olvidando el evangelio, han intentado crecer espiritualmente o encontrar seguridad en lo que ellos pueden hacer para agradar a Dios. Y aunque es cierto que los creyentes tenemos la responsabilidad de agradar siempre a Dios, no debemos creer que esas obras nos dan justificación o ganan su favor y aceptación; más bien, necesitamos entender que todo lo bueno que hacemos y somos viene de Dios y es para su gloria (Ef. 2:10).

En los primeros cinco versículos vemos dos cosas: la autoridad y el mensaje de Pablo. Estos dos elementos tienen el propósito de hacer un llamado a los gálatas a que caminen de regreso a la gracia.

1. La autoridad de Pablo (1:1–3)

En estos tres versículos Pablo establece su autoridad, ya que muy probablemente los falsos maestros cuestionaban su autoridad como apóstol, y decían que él no debía predicar un mensaje de aceptación delante de Dios solo por la fe en el sacrificio de Cristo.

El esquema de sus mentes era CRISTO + LEY = SER ACEPTADOS POR DIOS. Lastimosamente, muchos de nosotros venimos a la iglesia con esa misma manera de pensar. Creemos que para ser realmente aceptados por Dios necesitamos cumplir con cosas sumamente duras como el ayuno, la oración, la lectura de la Biblia y el congregarnos.

Muchas veces hacemos todas estas cosas por miedo o por ganar favores de Dios. Pero si Pablo nos escribiera una carta, seguramente nos llamaría torpes por dejar de confiar en Cristo y confiar en nuestras buenas obras.

Vemos entonces aquí que la misma autoridad que estas palabras tenían para los lectores originales, la tienen para nosotros hoy. Haremos bien, por tanto, es prestar suma atención al mensaje de Pablo.

2. El mensaje de Pablo (1:4–5)

Desde el inicio de la carta, Pablo les enseña nuevamente el evangelio. En estos versículos se nos dan las buenas nuevas de que “Jesucristo se entregó a sí mismo para librarnos de la esclavitud y el poder del pecado.” Él, siendo perfecto e inocente, se entregó a sí mismo y cargó con todos nuestros pecados en la cruz. De esta manera, su justicia nos es dada a nosotros al poner nuestra confianza en él.

Los falsos maestros decían que los gentiles debían seguir la voluntad de Dios expresada en las ordenanzas mosaicas, pero Pablo dice que el sacrificio de Cristo para nuestra liberación fue conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Esto nos enseña que si Dios ha diseñado un plan a través del cual los hombres pueden ser liberados y acercarse a él, es el evangelio. No hay otro camino, sino solo Jesús.

Al final de todo, la gloria por nuestra salvación y nuestro crecimiento espiritual no será nuestra. El único que merece la gloria por los siglos de los siglos es nuestro gran Dios. La salvación es del Señor de principio a fin, y por tanto, solo él merece la gloria.

Regresemos a la gracia

Quizá hemos pecado, y eso nos hace perder el gozo. Quizá hemos confiado en nuestras propias obras y eso nos hace perder de vista a Cristo. Pero para todo caso, Pablo nos llama de regreso a la gracia. Lo único que debemos hacer es decir Amén. Esto significa que aceptamos y confiamos en que Dios entregó a su hijo para librarnos de la condenación y esclavitud del pecado. Volvamos a la gracia y nunca nos apartemos de ella, pues solo allí hay redención y santificación.

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