Existimos para glorificar a Dios

Image for post
Image for post
Foto de Ben White en Unsplash

Con los jóvenes de mi iglesia local hemos decidido trabajar este año basándonos en una declaración de propósito que formulamos en una de nuestras reuniones. Esta declaración de propósito dice así:

Existimos para glorificar a Dios mediante la enseñanza clara de su Palabra, la adoración bíblica, la comunión unos con otros, la proclamación del evangelio, y el servicio a los demás; todo esto, en el contexto de la iglesia local.

Por supuesto, esto da origen a una serie de preguntas como ¿Por qué existimos para glorificar a Dios? ¿Cómo es Dios glorificado en la enseñanza de su Palabra? ¿Cómo es Dios glorificado en la adoración bíblica? ¿Qué es la adoración bíblica? etc. Por tanto, durante las siguientes semanas nos proponemos explicar nuestra declaración paso a paso. Y he decidido compartir en este blog cada uno de los materiales que estamos preparando.

Image for post
Image for post
Sígueme en mi nuevo blog: vidateocéntrica.com

Estamos convencidos junto al apóstol Pablo que todo en nuestra vida debe girar en torno a la gloria de Dios.

En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)

Muchos han intentado responder esta pregunta. Unos dicen que el propósito de vivir es buscar la felicidad; publican en sus redes sociales que el fin último de la existencia humana es la vida plena y llena de felicidad. Todos queremos una vida de lujos y libre de problemas.

Esa es la razón por la cual los negocios que prometen grandes ganancias y poco esfuerzo tienen tantos adeptos, aunque al final sean un engaño. Esa es la razón por la que muchas personas entran en negocios ilícitos, buscando superarse y tener los medios económicos para auto satisfacer sus deseos profundos.

Cuando los antiguos creyentes reformados diseñaron su sistema de doctrina, la primera pregunta que respondieron fue precisamente la que tiene que ver con la razón de nuestra existencia. En el Catecismo Menor de Westminster, lo escribieron así:

¿Cuál es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de él para siempre.

Lo que en principio debe llamarnos la atención aquí es la cosmovisión teocéntrica (centrada en Dios) que estos creyentes tenían. Ellos hablan de la existencia humana en directa relación con Dios; no divorcian la existencia humana del Creador. Es más, dicen que el fin principal, el objetivo central de nuestra existencia, gira en torno a la glorificación y el disfrute de Dios. Solamente cuando estamos glorificando a Dios es que podemos tener verdadera felicidad.

No se habla en el catecismo de carros, casas, viajes, carreras exitosas, salud financiera o emocional como el centro de nuestra existencia, sino de glorificar a Dios en la circunstancia que sea. Y debemos glorificar a Dios en todo momento porque él es el centro de todo lo que existe, él nos creó para sí mismo:

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. (Rom. 10:36).

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. (Col. 1:16)

De hecho, la historia de la redención puede dividirse en cuatro fases que tienen que ver con la manera en que los seres humanos damos o no gloria a Dios: 1) Creados para la gloria de Dios; 2) Apartados de la gloria de Dios; 3) Salvados para la gloria de Dios; 4) Perfeccionados para la gloria de Dios.

1. CREADOS PARA LA GLORIA DE DIOS

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. (Gn. 1:1)

La Biblia dice que el Señor es el Creador de los cielos y la tierra. Según la opinión de algunos estudiosos, cuando se hace esta mención de los cielos y la tierra, la Biblia está abarcando todo lo que existe; está contraponiendo las partes para destacar el todo. Pero aun si esa no es la intención original del escritor original, la Biblia también es clara en que el Señor creó todo para sí mismo (Col. 1:16).

Respecto a la creación de los seres humanos, nada cambia; más bien, recibimos una responsabilidad mayor, fuimos creados especialmente para ser un reflejo de la gloria de Dios. Es por eso que algunos autores hablan de los seres humanos como espejos que reflejan la gloria de Dios. Ese fue precisamente el objetivo de Dios al crear a los seres humanos a su imagen y semejanza:

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (Gn. 1:26–27)

El ser humano fue creado imagen de Dios en varios sentidos, siendo el sentido moral el de mayor importancia para nuestro estudio. Más allá de las cualidades inherentes a todo ser humano como la capacidad de razonar, administrar y crear, está el hecho de que los seres humanos fueron creados con un carácter moral santo, es decir, un estado de inocencia en el cual sus intenciones y manera de conducirse en la vida procuraban la gloria de Dios al caminar en rectitud delante de él.

Entonces, si alguien pregunta acerca del objetivo principal de la creación de los seres humanos, debemos responder categóricamente que este es glorificar a Dios mediante ser un reflejo de su carácter santo.

2. SEPARADOS DE LA GLORIA DE DIOS

Cualquier persona que lea o escuche que los seres humanos fueron creados para glorificar a Dios mediante reflejar su carácter puede correctamente preguntar por qué entonces no reflejamos su carácter, por qué no glorificamos a Dios con todo lo que somos y hacemos.

El Catecismo Menor de Westmister nuevamente nos ayuda a responder esta cuestión en la pregunta número 13:

¿Permanecieron nuestros primeros padres en el estado en que fueron creados? Dejados a su libre voluntad, nuestros primeros padres pecaron contra Dios y cayeron del estado en que fueron creados.

Image for post
Image for post
Sígueme en mi nuevo blog: vidateocéntrica.com

Aunque el carácter justo y santo de Dios encontraba su reflejo en la persona de Adán y Eva, eso no continuó siendo así siempre. Los seres humanos desobedecieron al Señor al comer del árbol que el Señor les había prohibido:

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Gn. 2:16–17)

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. (Gn. 3:4–6)

Cuando la mujer codició el árbol, sencillamente dejó de pensar en la gloria de Dios y se enfocó en su propia satisfacción. Buscó aquello que era agradable a sus ojos y lo que le parecía satisfactorio; dejó de confiar en la sabiduría de Dios para guiar su vida y vio en el árbol el camino para poder tener ella misma su propia sabiduría.

Ese pecado de Adán y Eva causó la muerte física y espiritual. Es por eso que el apóstol Pablo dice que todos los seres humanos han pecado y como resultado del pecado se encuentran separados de la gloria de Dios y el escritor de Eclesiastés dice que los hombres han buscado muchas perversiones a pesar de haber sido creados con un carácter recto.

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Rom. 3:23).

He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones. (Ec. 7:29)

Entonces, la causa por la que no podemos experimentar verdadera satisfacción a pesar de tener todo lo que deseemos es porque nuestros afectos y motivaciones no están centradas en buscar la gloria de Dios. Nos hemos convertido en sus enemigos y es imposible para nosotros en nuestro estado natural hacer algo que pueda glorificarle. Solo una acción de su gracia nos puede salvar de este estado caído.

3. SALVADOS PARA LA GLORIA DE DIOS

A pesar de nuestro pecado, el Señor sigue siendo glorioso. Él es soberano y sigue en control de la historia a pesar de nuestra rebelión. Al final, él será glorificado en el hecho de castigar el pecado; será conocido como un Dios justo que castiga justamente el pecado de sus criaturas.

Sin embargo, aunque podría dejarnos a nuestra perdición, el Señor había decidido desde antes de la fundación del mundo que glorificaría su propio nombre por medio de salvar a un pueblo para alabanza de la gloria de su gracia.

Es por eso que en Efesios 1:3–14, el apóstol Pablo nos da una exposición clara y detallada sobre la salvación que el Señor ha decidido efectuar desde la eternidad, eligiendo, salvando y santificando a su pueblo.

Y todo ha sido hecho para alabanza de su gloriosa gracia:

Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo. (v. 3)

En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa gracia, que nos concedió en su Amado. (v. 5–6)

En Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, a fin de que nosotros, que ya hemos puesto nuestra esperanza en Cristo, seamos para alabanza de su gloria. (v. 11–12)

En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria. (v. 13–14)

El hecho de que Dios mismo, según su plan soberano, haya hecho absolutamente todo lo que se necesita para que seamos salvos, nos deja inevitablemente en una sola posición: la de darle gloria por ser un Dios de gracia y amor.

Contrario a lo que muchas personas y círculos cristianos pueden enseñarnos, el verdadero objetivo por el que hemos sido rescatados de la condenación y esclavitud del pecado es la gloria de Dios.

Dios es glorificado cuando imitamos a Cristo, pues Cristo es la imagen perfecta del Dios invisible. Entonces, al imitar el carácter de Cristo estamos imitando el carácter del único ser humano perfecto, el único que fue tentado y nunca pecó (Heb. 4:15).

4. PERFECCIONADOS PARA LA GLORIA DE DIOS

De algo sí podemos estar seguros los creyentes, el pecado aún habita en nosotros y continuamente debemos luchar contra él. Sin embargo, habrá un día en el que podremos glorificar perfectamente a Señor porque seremos glorificados, esto es, perfeccionados:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Fil. 3:20–21)

Este versículo nos habla de la esperanza constante de un creyente. No esperamos al Señor para finalmente descansar y dejar los estudios o el trabajo. No esperamos al Señor porque recibiremos grandes mansiones. Esperamos al Señor principalmente porque cuando él venga seremos transformados y nuestras vidas reflejarán su gloria de manera constante y perfecta.

Comprender que nuestra existencia completa está enmarcada en la gloria de nuestro Dios debe llevarnos a vivir para su gloria. Por eso es que Pablo nos llama a buscar la gloria de Dios aun en las cosas más sencillas de la vida como el comer y beber.

Los creyentes no podemos hacer más que clamar al Señor por ayuda para que podamos glorificarle en todo momento. Debemos orar para que el mayor deseo de nuestra vida sea agradar a Dios en cualquier situación.

“Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.” (2 Cor. 5:9)

Image for post
Image for post
Sígueme en mi nuevo blog: vidateocéntrica.com

Written by

Me he mudado a vidateocentrica.com

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store