Image for post
Image for post

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Mateo 5:9)

En el evangelio según Mateo, desde su aparición en público Jesús ha venido anunciando el evangelio del reino y en el sermón del monte quiere dejar claro cómo es este reino de los cielos en el cual él es el Rey. En las bienaventuranzas, él declara el carácter y la dicha de los miembros de su reino.

En esta séptima bienaventuranza, el Señor declara que los miembros de su reino son personas que procuran la paz. Esta paz no simplemente es la ausencia de conflicto, sino la presencia de la justicia de Dios. No simplemente necesitamos una tregua hipócrita, sino una verdadera paz impulsada por el amor y la justicia, y esa paz solo es causada y dada por Dios a los miembros de su reino.

Hay cuatro puntos esenciales que nos ayudan a comprender esta bienaventuranza de una manera más clara.

1. La ausencia de paz

El 21 de septiembre se celebra el día internacional de la paz, pero nuestro país El Salvador (muchos otros países de Latinoamérica) es uno de los más violentos en el mundo. No hay que ir demasiado lejos para darnos cuenta que nuestro mundo necesita verdadera paz, no simplemente una tregua.

El problema es que, como lo revela la Escritura, el Señor es la fuente de verdadera paz, pero el ser humano está separado de Dios a causa del pecado (Ro. 15:33; Ro. 3:23). Esta separación, naturalmente, trae ausencia de paz a la humanidad apartada de Dios (Is. 48:22).

Por tanto, el problema verdadero de nuestra falta de paz no recae en los gobernantes, ni tampoco es culpa de Dios, sino culpa de los mismos seres humanos que son enemigos de Dios y enemigos entre ellos mismos. Necesitamos entender esta verdad y comprender que la paz verdadera no viene de los gobiernos de este mundo.

Poner la mira en los gobiernos y en los demás solo nos lleva a darnos cuenta de una verdad irrefutable: no tenemos paz.

2. La fuente de paz

La Biblia presenta a Cristo como el Príncipe de Paz (Is. 9:6). En el Antiguo Testamento Dios prometió a su pueblo un Príncipe que vendría y traería verdadera paz; Cristo trae un reino de paz, precisamente lo que Jesús está hablando aquí en Mateo.

Más adelante, en Efesios 2:14–18 encontramos la maravillosa noticia de que el evangelio es el mensaje de la paz, esa paz llevada a cabo por Cristo en la cruz. Por su sacrificio, él hace la paz entre Dios y los pecadores y entre el hombre con su prójimo.

Entonces, solo en el contexto de nuestra paz con Dios es que podemos experimentar verdadera paz interior y con nuestro prójimo. Mientras la situación de los seres humanos no se solucione por medio del evangelio, no podremos nunca experimentar verdadera paz. Solo Cristo es la verdadera fuente de paz.

3. La práctica de la paz

Una vez que tenemos paz con Dios por medio de Cristo (Ro. 5:1), pasamos a formar parte de su reino, en el cual las personas viven en paz porque ya no se guían por sus propios instintos pecaminosos, sino por el Espíritu de Dios, cuyo fruto es amor, gozo, paz (Gá. 5:22).

Por tanto, es nuestra responsabilidad procurar estar en paz y edificarnos mutuamente como hermanos (Ro. 14:19). Incluso, debemos buscar la paz de aquellos que nos aborrecen, que son nuestros enemigos (Mt. 5:44).

Los creyentes somos los instrumentos que Dios usa para traer paz al mundo por medio del evangelio de la paz, esa es básicamente nuestra misión: buscar la reconciliación de las personas con Dios por medio de Cristo (2 Cor. 5:18–20). Por eso dice el apóstol Pablo que hemos recibido el ministerio de la reconciliación.

4. El premio de la paz

Desde 1901, se entrega anualmente en Noruega el premio nobel de la paz. Este premio se entrega a “la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes, y la celebración y promoción de procesos de paz” (Wikipedia). Este premio hace famosas a las personas, pero hay un premio mejor que ese.

El premio de los que procuran la paz verdadera es ser llamados hijos de Dios (Mt. 5:9b, 45). Este es el reconocimiento y honor más grande que un ser humano puede recibir, aunque por los hombres no sea valorado. Esta es verdadera felicidad.

Que Dios nos ayude a vivir procurando siempre la paz, de manera que seamos reconocidos como sus hijos, que traigamos gloria a su nombre por medio de nuestro esfuerzo constante por mantener y procurar la verdadera paz.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store