La Bendición de un Corazón Limpio

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Photo by Larm Rmah on Unsplash

Una persona bienaventurada es una persona que cuenta con el agrado de Dios en todos los aspectos de su vida. Es una persona cuya vida es agradable y acepta delante de Dios. Es una persona bendecida de verdad.

Pensando en ello, mi mente se remonta a la bienaventuranza de tener un corazón limpio:

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. (Mateo 5:8)

Jesús ha iniciado su ministerio, y comienza hablando de un reino de bendición en el cual las personas más bendecidas no son precisamente las más adineradas ni mejor preparadas académicamente.

Algunos han llamado al reino de Cristo un “reino al revés”, ya que muchas de las cosas que el mundo evita son en realidad las cosas que Jesús valora.

Tener un corazón limpio es tener un corazón alineado con la voluntad de Dios, un corazón que ama a Dios sobre todas las cosas y que está limpio de pecado.

Para las personas que tengan un corazón como este hay una gran promesa en este versículo: ellos verán a Dios. Esto significa que un día estarán en la presencia plena del Señor y podrán disfrutar su presencia en plenitud sin la presencia del mal y el pecado en sus vidas.

¿Cómo puedo tener un corazón limpio?

Esta es la gran pregunta. Si quiero estar un día delante del Señor y disfrutar esta maravillosa bienaventuranza, ¿cómo puedo limpiar mi corazón?

Bien, pues la respuesta nos la da David en el Salmo 51:10. Allí, David está confesando sus pecados y rogando al Señor por limpieza, y en uno de los más hermosos versículos de toda la Biblia, ruega a Dios lo siguiente:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”

Sobre esto, el Dr. R.C. Sproul escribió lo siguiente en su pequeño libro ¿Qué es el arrepentimiento?

Solo Dios puede crear un corazón limpio, y él efectivamente crea corazones limpios al borrar nuestro pecado.

No hay manera alguna en que un simple ser humano pueda limpiar su propio corazón y prepararse a sí mismo para ver a Dios. Es solo cuando el Señor nos limpia de todo pecado que podemos tener la clase de corazón que viva para él y le atesore sobre todas las cosas.

Estamos, por tanto, llamados a orar cada día de nuestra vida de la misma manera que David, pidiendo al Señor un corazón limpio y un espíritu que pueda glorificarle en todas las áreas. Solo así podremos disfrutar de la bienaventuranza de tener un corazón limpio.

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