La Suficiencia de las Escrituras en la Vida del Joven

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9 ¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. 10 Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. 11 En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. 12 Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos. (Salmos 119:9–12)

El Salmo 119 es el capítulo más largo de la Biblia y contiene un tema central y constante: la excelencia de la Palabra de Dios. Como en ningún otro lugar en las Escrituras, vemos aquí cómo el creyente desea conocer al Señor por medio de su Palabra. Además, hablando específicamente de los jóvenes, el Salmo 119 nos brinda un testimonio contundente a favor de la suficiencia que las Escrituras poseen para guiarnos hacia una vida que honre al Señor en cada aspecto.

¿Qué es la suficiencia de las Escrituras?

Cuando decimos que la Biblia es suficiente, estamos afirmando que la ella contiene todo lo que necesitamos saber para ser salvos y vivir para la gloria de Dios. Esto significa que no debemos buscar otras fuentes de conocimiento de Dios que no sean la perfecta auto-revelación de Dios contenida en las páginas de las Sagradas Escrituras.

La pregunta más importante respondida (v. 9)

Al parecer, esta es una pregunta que el salmista mismo se hace, es una pregunta muy personal que tiene suma importancia para el que está escribiendo el salmo. El salmista quiere conocer la manera de vivir en pureza y santidad delante de Dios.

Y es que la pregunta acerca de cómo llevar una vida que honre al Señor es la cuestión más importante que nos podemos hacer los creyentes, ya que las Escrituras nos ordenan vivir en santidad para que reflejemos el carácter santo de nuestro Creador y Redentor (1 P. 1:14–16).

Lastimosamente, la respuesta a esta pregunta muchas veces se ha buscado en el lugar incorrecto, y hemos confiado en la sabiduría humana y no en la sabiduría divina. Nos resulta más atractivo un devocional con música de piano al fondo, en el que se nos anime a buscar la respuesta a nuestras inquietudes en nuestro interior, que venir en humilde sumisión a las Escrituras para descubrir la voluntad revelada del Señor para su pueblo.

Sin embargo, la respuesta del salmista apunta directamente a la suficiencia de las Escrituras. Nos dice que la única manera en que podemos llevar vidas que glorifiquen a nuestro Señor es guardando su palabra. Vemos en el salmista una confianza verdadera en la Palabra de Dios; no lo vemos llamando nuestra atención a otra cosa que no sea el conocimiento y práctica de lo que Dios ha revelado en la Biblia.

Por tanto, la conclusión lógica de este versículo es que la Biblia es suficiente para guiarnos a una vida que glorifica a Dios en nuestra juventud. En esta etapa de la vida en que necesitamos muchísima sabiduría para poder vivir bien delante de Dios, la Biblia se alza como el tesoro del cual debemos extraer las riquezas de la sabiduría y el conocimiento de Dios.

La actitud correcta (v. 10)

Como consecuencia de comprender que la Palabra de Dios es nuestra guía en la juventud, debemos imitar la actitud del salmista y buscar al Señor en su Palabra con todo nuestro corazón.

Al mencionar el corazón, el salmista quiere indicar que la búsqueda del Señor es intensa e intencional. Si de verdad hemos comprendido la importancia primordial de la Palabra de Dios en nuestra vida, lo más seguro es que la buscaremos con todo el corazón. La verdadera búsqueda del Señor debe llevarnos primeramente a su Palabra, pues es en ella que el Señor ha revelado su persona, su obra y su voluntad para que su pueblo le conozca. Por eso el salmista puede relacionar directamente su búsqueda de corazón con la petición de no ser abandonado para olvidarse de los mandamientos del Señor.

Si comprendemos que la Palabra de Dios es la verdadera fuente de conocimiento de Dios, comprenderemos por qué el apóstol Pedro dijo que nosotros tenemos el testimonio más seguro de Dios al referirse a las Escrituras (2 P. 1:19).

Sí, estamos llamados a una búsqueda constante del Señor, una búsqueda intensa que nos queme por dentro; pero la única verdadera búsqueda de Dios debe inevitablemente comenzar, mantenerse, y terminar en aquello que él ha revelado en su Palabra. Allí está su voluntad revelada para nosotros.

La efectividad de las Escrituras (v. 11)

En este versículo vemos al salmista asegurando atesorar los testimonios del Señor en su corazón, a fin de vivir en santidad. Con esto, vemos el testimonio de la efectividad de las Escrituras en nuestra vida.

Una vez que nos convencemos de que la Palabra de Dios es nuestra guía y la buscamos ardientemente en dependencia del Señor, ella misma se encargará de tener un efecto verdadero en nuestra vida.

Si tan solo memorizáramos las Escrituras como lo han hecho los creyentes a lo largo de la historia, si tan solo nos despegáramos un poco de los afanes de la vida para conocer al Señor mediante su Palabra, si tan solo apartáramos nuestra mirada del entretenimiento cristiano y la pusiéramos en la Ley del Señor, nos daríamos cuenta cómo ella nos puede transformar. Nuevamente, vemos la actitud del salmista ante la Palabra de Dios. Dice que su corazón es un lugar donde los dichos del Señor están presentes.

El apóstol Pablo exhorta a los colosenses a que sus vidas estén llenas completamente de la Palabra de Cristo, y no debemos dudar que esa exhortación es tan real hoy como cuando se dio por primera vez. La palabra de Cristo debe habitar en nosotros en abundancia.

La petición adecuada (v. 12)

En este versículo vemos una expresión de adoración del salmista hacia el Señor. El salmista dice que el Señor es bendito, lo cual es una manera clara, sencilla y genuina de alabar al Señor.

En la segunda parte del versículo vemos cómo el salmista invita al Señor a que sea su maestro en este proceso de aprender las Escrituras. Y es que debemos emprendernos en el aprendizaje verdadero de la Palabra de Dios en completa dependencia de él.

Es por eso que en el Nuevo Testamento es el Espíritu Santo quien nos enseña todas las cosas; él es el Maestro divino que nos ayuda a comprender las Escrituras y aplicarlas en nuestro día a día (Jn. 14:26). El resultado invariable de ser enseñados por el Señor es que nos alejamos del pecado y comenzamos a vivir para su gloria, que es el punto donde hemos empezado. Por eso, más adelante el salmista dice: No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste (v. 102).

Conclusión:

Si como jóvenes queremos saber la manera de vivir en santidad delante del Señor, escuchemos un poco más el testimonio de las Escrituras y no otras voces que, aunque nos parecen piadosas, nos alejan de la verdadera fuente del conocimiento de nuestro Creador y Redentor. Solo ellas son suficientes para guiarnos en esta etapa de la vida.

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